Trastornos de la personalidad, ¿tienen tratamiento?

Los trastornos de la personalidad son un grupo complejo y controvertido de afecciones psicopatológicas, que se clasifican en los 3 grupos (DSM-III, 1980). Los dos grandes sistemas actuales de clasificación de las enfermedades mentales (CIE-10 y DSM-5) coinciden de forma sensible en esta clasificación:

. Grupo A (personas extrañas o excéntricas):

  • Paranoide
  • Esquizoide
  • Esquizotípico

. Grupo B (personas teatrales, emotivas o volubles):

  • Antisocial
  • Límite (borderline)
  • Histriónico
  • Narcisista

. Grupo C (personas ansiosas y temerosas):

  • Por evitación
  • Por dependencia
  • Obsesivo-compulsivo (anancástico)Además de estos trastornos, se han descrito otros, también significativos, como la personalidad depresiva, la sádica y la pasivo-agresiva.

No son pocos los pacientes y familiares de pacientes afectados por alguno de los trastornos arriba mencionados que acuden a nuestra consulta de Psiquiatras Valencia desesperanzados por una larga y tediosa evolución caracterizada por altibajos y recaídas frecuentes que desmotivan tanto al paciente como a su familia de cara a continuar con la terapia. Ante esta situación la siguiente pregunta es obligada, ¿tienen tratamiento los trastornos de la personalidad? En este sentido me ha parece interesante transcribir la respuesta a esta pregunta que aparece en la última edición del libro de Vallejo Ruiloba, Introducción a la psicopatología y la psiquiatría:

“Los trastornos de la personalidad implican importantes alteraciones emocionales y la ausencia de habilidades específicas y de aprendizajes sociales. Por lo tanto, su tratamiento es difícil porque la colaboración del individuo y del medio será muy escasa y, además, no siempre hay una conciencia permanente de anomalía caracterial. Los psicofármacos son un recurso para normalizar la psicopatología del sujeto y potenciar su estabilidad emocional, haciéndolo así más capaz de cumplir con los compromisos contraídos con facultativos y familiares, pero es imprescindible la participación activa de las personas del entorno que, por lo general, no podrán cumplir las instrucciones, se mostrarán escépticos o carecerán de fuerzas para intentar una nueva aventura terapéutica. Es toda una prueba para el psiquiatra tratar con estos pacientes caracterizados por el hecho de presentar patrones persistentes de conducta inadecuada, pero, aunque no puede hablarse de curación en sentido estricto, lo cierto es que la presencia del terapeuta siempre atenúa los perfiles psicopatológicos del paciente y reduce su conflictividad con el medio, para alivio de circundantes y de parientes. No obstante, la intervención del psiquiatra ya estaría justificada por la alta frecuencia con que estos pacientes presentan síndromes psicóticos y afectivos, y complicaciones médicas y quirúrgicas que ponen en riesgo su salud integral (Valdés, 2005; Valdés y cols., 2012)."