¿Qué tipo de problemas tratamos en la consulta?

¿Qué tipo de problemas tratamos en la consulta?

Cualquier tipo de problema que esté relacionado con la salud mental puede tratarse en mi consulta. En salud mental el abanico de enfermedades es bastante amplio, de modo que paso a resumiros algunos de los problemas más frecuentes que suelo tratar:

Trastornos del sueño: El insomnio

Nuestro ritmo de vida hace que hoy en día sea relativamente fácil que durante épocas de mayor estrés nuestro descanso nocturno se vea afectado por la dificultad para conciliar o mantener el sueño, lo que hace que durante el día nos encontremos más cansados, tengamos problemas para rendir en el trabajo, que nos cueste concentrarnos e incluso que estemos tristes o de mal humor. Si sufres insomnio lo primero que debemos averiguar es su causa (el insomnio puede aparecer sin motivo aparente o por alguna enfermedad, tanto física como por cuadros de ansiedad o de depresión). Una vez tengamos clara cuál es la causa decidiremos cuál será el tratamiento más adecuado, teniendo siempre en cuenta que los tratamientos clásicos para el insomnio como las benzodiacepinas (orfidal o lorazepam, valium o diazepam) y los hipnóticos (stilnox o zolpidem, noctamid o lormetazepam) sólo se aconsejan durante periodos cortos de tiempo, por lo que es importante que un médico lleve el control adecuado y se valore la opción de tratamientos alternativos cuando el tratamiento es necesario durante periodos largos de tiempo.

Trastornos de ansiedad

Son varios los tipos de trastornos de ansiedad que podemos encontrarnos en la consulta, pero normalmente el paciente consulta por síntomas de ansiedad en general y no por un trastorno en concreto.
Entonces, ¿qué es la ansiedad? Pues bien, lo primero que debemos saber es que la ansiedad en sí misma no es patológica, sino una respuesta fisiológica de activación (nerviosismo, taquicardia, palpitaciones…) y adaptativa ante un estímulo o una situación que se percibe como una amenaza.
¿Y cómo sabemos si lo que nos ocurre es normal o no? Cuando la respuesta a este estímulo que percibimos como una amenaza es exagerada, desproporcionada o, simplemente el estímulo no existe, los síntomas de ansiedad se convierten en patológicos, es decir, en una enfermedad.
Los trastornos de ansiedad más frecuentes que vemos en la consulta son: las crisis de ansiedad, de pánico o de angustia, la agorafobia, el trastorno de angustia con o sin agorafobia, el trastorno de ansiedad generalizada; también nos podemos encontrar el trastorno obsesivo compulsivo, el trastorno por estrés postraumático, la fobia social y las fobias específicas, y los trastornos de somatización e hipocondríacos, algo diferentes a los que hemos mencionado en un primer lugar. Pero en cualquier caso, la característica común en todos ellos son los síntomas de ansiedad como molestia principal percibida por el paciente: taquicardia, palpitaciones, sensación de ahogo o de opresión en el pecho, sudoración, sensación de mareo, sensación de no poder tragar, hormigueos en las manos o los pies, sensación de tener un nudo en el estómago, alteraciones gastrointestinales, sequedad bucal, dolor de cabeza, etc.

Trastorno obsesivo-compulsivo

Es una enfermedad en la que el paciente sufre pensamientos involuntarios e intrusivos de forma repetitiva que le resultan difíciles o imposibles de controlar. Estos pensamientos suelen centrarse en una temática concreta como por ejemplo la limpieza, la contaminación, el orden o la duda, y le generan al paciente síntomas de ansiedad y una importante angustia psíquica. Con el fin de calmar esta ansiedad producida por los pensamientos obsesivos aparecen unas conductas compensatorias llamadas rituales o compulsiones. Por ejemplo: si mi pensamiento obsesivo es la duda de si he cerrado o no el coche, mi compulsión o ritual será comprobar cuantas veces sean necesarias si he cerrado el coche o no.

Trastornos depresivos

Motivo también muy frecuente de consulta. Cuando una persona sufre depresión se encuentra triste, con ganas de llorar, está apático, siente que la falta energía, le cuesta levantarse de la cama, tiene dificultades para concentrarse, llora con facilidad, tiende a pensar de manera pesimista, disfruta menos o nada de aquello que antes le resultaba ameno o pierde el interés por actividades de ocio y las relaciones sociales. No es raro que empeoren las relaciones con familiares, amigos o compañeros porque está más irritable y discute con facilidad. Pueden perder el apetito y perder peso, aunque también puede ocurrir lo contrario. Y pueden sufrir de insomnio o tener sueño en exceso. Un paciente con depresión puede pensar que no sirve para nada, que es un inútil, que nadie lo comprende, que sus problemas no tienen solución y que podría ser mejor morir antes que seguir viviendo, sin olvidar que a todo esto se pueden añadir síntomas de ansiedad.

Hay varios tipos de trastornos depresivos:

  • El trastorno depresivo mayor: es el que más se corresponde con la descripción que hemos realizado de los trastornos depresivos en general y el que generalmente revierte una mayor gravedad.
  • La distimia: es un trastorno depresivo menor, en el que los síntomas depresivos son de carácter leve pero persistentes en el tiempo durante un periodo no inferior a dos años.
  • La depresión doble ocurre cuando a una distimia se le añade una depresión mayor.

Los trastornos adaptativos

Son enfermedades muy frecuentes hoy en día, cuadros depresivos, ansiosos, o con ambos tipos de síntomas, relacionados claramente con un acontecimiento vital estresante (por ejemplo: un despido laboral, problemas económicos, una ruptura sentimental…) que le genera al paciente un malestar importante que le dificulta el adecuado funcionamiento en su actividad diaria habitual.

Los trastornos de la conducta alimentaria

Son enfermedades relacionadas con anomalías de la ingesta de alimentos en las que generalmente aparece asociada una distorsión de la imagen corporal y temor al aumento de pesoademás de otros síntomas. Dentro de este grupo encontramos la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón.

Los trastornos adictivos

Son aquellos relacionados principalmente con sustancias como el alcohol u otras (cocaína, marihuana y otras), aunque en los últimos tiempos es cada vez más frecuente la adicción a las nuevas tecnologías, al igual que la ludopatía.
Dentro de este tipo de trastornos, la dependencia de alcohol, cocaína, marihuana y opiáceos, son las que tratamos con mayor frecuencia en la consulta, siendo fundamental que el paciente reconozca que tiene el problema que se pretende tratar y esté dispuesto a colaborar en el tratamiento para poder ayudarlo.

La patología dual

Mención especial y aparte de los trastornos adictivos merece la patología dual, por tratarse de la existencia en un mismo paciente de un trastorno mental como la depresión, la ansiedad, el trastorno bipolar, la esquizofrenia o cualquier otro trastorno mental, y un trastorno por uso de sustancias, ya sea alcohol, cocaína, cannabis u otras.

El trastorno bipolar

El trastorno bipolar es un trastorno del estado de ánimo en el que el paciente presenta épocas de depresión que alternan con épocas de euforia o de mayor activación; es decir alternan lo que llamamos fases depresivas y fases maniacas o hipomaniacas.
Si en un paciente predominan las fases de exaltación del estado anímico, decimos que el paciente padece un Trastorno Bipolar tipo I. Si, por el contrario, predominan las fases depresivas, decimos que el paciente padece un Trastorno Bipolar tipo II.

Los trastornos psicóticos: la esquizofrenia y el trastorno delirante

Son enfermedades mentales en las que lo más llamativo es que la persona que las padece sufre delirios y alucinaciones. Los delirios son creencias falsas e irracionales que el paciente vive como si fueran reales, no siendo posible convencerlo de lo contrario ni aún con argumentos sólidos que demuestren su error (un ejemplo de idea delirante podría ser estar convencido de que alguien nos vigila con alguna extraña finalidad y pretende hacernos daño, llegando incluso a perseguirnos por la calle y esconder cámaras en nuestra casa). Las alucinaciones pueden ser de varios tipos pero normalmente cuando son debidas a un trastorno mental se trata de alucinaciones auditivas; el paciente escucha voces con las que podemos verlo hablar u observar cómo parece ausentarse de la realidad cuando las está escuchando. Ejemplos de trastornos psicóticos son: la esquizofrenia, el trastorno delirante y el trastorno esquizoafectivo.
En las depresiones graves también es posible que aparezcan síntomas psicóticos.

Los trastornos de la personalidad

Difíciles de explicar, ocurren en aquellas personas que por diversas particularidades en su forma de ser tienen problemas para relacionarse y desenvolverse en la vida, lo que les genera frecuentemente síntomas de ansiedad o de depresión. Hoy en día uno de los trastornos de la personalidad que atendemos con mayor frecuencia es el Trastorno Límite de la Personalidad, en el que el paciente presenta una importante inestabilidad emocional, con relaciones personales inestables, baja autoestima, sentimientos crónicos de vacío y, frecuentmente, autolesiones o amenazas de suicidio.

TDAH en el adulto

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad, muy conocido en niños actualmente, puede verse también en los adultos con algunas diferencias en la sintomatología. Los adultos con TDAH pueden tener problemas para organizarse, dificultad para terminar las tareas que han iniciado, tienen despistes y olvidos frecuentes, dificultades en el ámbito laboral con necesidad de cambiar con frecuencia de trabajo, impaciencia, y dificultades para controlar sus impulsos con tendencia a la búsqueda de nuevas sensaciones y el abuso de sustancias. A día de hoy existen fármacos que permiten mejorar estos síntomas y que el paciente pueda alcanzar una funcionalidad adecuada.

Demencias

Algunos pacientes con demencia, ya sea de tipo Alzheimer, una demencia vascular o una demencia fronto-temporal, desarrollan síntomas psiquiátricos a lo largo de la evolución de la enfermedad: desde un inicio de la enfermedad con síntomas de ansiedad o depresión a la aparición de alteraciones conductuales, con ideas delirantes, alucinaciones e insomnio. En estos casos será necesaria la intervención del psiquiatra para tratar estos síntomas con los psicofármacos más adecuados en cada caso, teniendo en cuenta que las particularidades de este tipo de pacientes debidas a la edad nos obliga a utilizarlos con una especial cautela.